Primogénito de la familia fundada por don Humberto Barraza Sánchez y María Concepción Ramírez Rodríguez, el profesor Humberto Barraza Ramírez, quien desde muy joven enfrentó desafíos extraordinarios tanto en su vida profesional como en el deporte, como miembro del selecto grupo de fundadores del Club Deportivo Maderera será motivo de homenaje por parte de la directiva de esa organización y en ese marco, nos comparte segmentos de su vida.

“El Oso” Barraza como es conocido entre la raza de la Maderera, nación en esa colonia el 11 de julio de 1957, casualmente el Día del Minero, hecho que le produce agrado, pues su padre, hoy finado, toda su vida fue minero del Cerro de Mercado. Cursó la instrucción primaria en el Colegio Guadalupe. Solamente sexto año lo hizo en la escuela Ginez Vázquez de Mercado.
Pasó a secundaria en la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado, donde continuó estudios hasta graduarse como profesor de primaria y luego, emprender su vida profesional. Su primer trabajo fue en el poblado Soyupa, municipio de Santiago Papasquiaro. Era 1976 y al lugar se llegaba en avioneta solamente, más tres horas a lomo de bestia.

Una primera impresión en su arribo fue observar a un costado de la aeropista los restos de una nave recién estrellada, sólo el preámbulo de toda una experiencia, en una región en la que todo mundo deambulaba armado con sendas pistolas. A los alumnos, desde primero a sexto, habría de exigirles a la hora de la entrada, dejar la pistola fuera del aula. Una historia que no se prolongó demasiado, pues a los dos meses hubieron de salir por piernas del sitio, a buscar mejores horizontes.

Después fue el municipio de Tamazula, dos años; Nuevo Ideal, cuando todavía era Canatlán, donde comenzó a impartir clases ya en secundaria, precisamente en la comunidad Doctor Castillo del Valle. En este municipio, además de cumplir su labor magisterial, se internó en la vida deportiva, luego de que demostró capacidades beisbolísticas sobresalientes. “El Oso” jugó en su infancia pelota caliente, se juntaba con los Madera, sus vecinos en la calle 3. Una anécdota indica que en un partido apretado, en turno al bat con casa llena allí en Nuevo Ideal, mandó la pelota hasta el otro lado de la barda, para ganar el partido y se adjudicó el derecho de que lo llevaron con Don Ray, el menudero, donde conoció “las veladoras”, enormes vasos de mezcal.
Fue hasta el año de 1985 cuando llega a Durango, a la Escuela Secundaria Técnica 67, donde a la postre Lorenzo Ortega, lo convierte en delegado sindical, función que cumplió con esmero y con una trayectoria bastante interesante.
El día 1 de enero de 2010, el profesor Humberto Barraza amaneció jubilado, para iniciar una nueva faceta de su vida.
Barraza Ramírez primero de niños jugó pelota caliente y la práctiva del futbol la comenzó ya en secundaria, en la ENED, con Pepón, su primo, con quien a la postre conformaría los primeros equipos de la Maderera, junto con personajes como José Ángel “Pipis” Ríos, Jorge Blanco, Miguel Ortíz, Meluco y José Luis Robles, el “Topo” Almeida, René y Pedro Navarrete, Román Graciano, Quico, Nayo y Vera Graciano, Chavarín García, el Chetos, Padilla, entre otros muchos.

Un recuerdo imborrable de este grupo de deportistas, es el relativo al ritual dominical, que consistía en acudir en grupo al Santuario de Guadalupe a misa de seis y posteriormente, una vez purificados, buscar el baile más cercano. En esos tiempos eran comunes los festejos en domicilios, de tal forma que no faltaba el sarao en Morga, Maderera, Santa María, etcétera.

En más de la trayectoria deportiva del Oso, sobresale sin duda su paso por el equipo de softbol Astros, multicampeón de la Liga Municipal, en el que ganó varios títulos de manera consecutiva. En este nueve participaba el periodista Roberto González, de Diario de Durango y Humberto aparecía casi cada semana en las páginas de este rotativo.

En su vida, el profesor normalista ha padecido severos golpes, incluyendo una caída en una de las rutas ciclistas Durango-Mazatlán, de las cuales cumplió 4. Sin embargo, el más demoledor, fue hace dos años, en el momento en que el médico le informó que padecía cáncer.

Por recomendación médica, dejó el fútbol y se introdujo al ciclismo, disciplina que como todo lo que acomete, lo tomó muy en serio. En un entrenamiento intenso, sintió dolor en el muslo. Tras diversos estudios, el diagnóstico fue oncológico, y podría perder la pierna izquierda para erradicar un cáncer poco común y muy agresivo. Voz quebrada, Barraza Ramírez narra cómo prácticamente se despedía de su extremidad.

Por fortuna, en plena cirugía, un médico le informó “¡Ya la hizo!” No hubo necesidad de desmembrar.
El paso siguiente fue un largo y agotador, agresivo, periodo de radioterapia; “a la última fui por orgullo solamente, pero hasta hoy, julio de 2024, de acuerdo con estudios y desde luego, una serie de cuidados, estoy libre de cáncer”.

