Hay aniversarios que invitan a la celebración y otros que obligan a la reflexión. El 463 de la fundación de Durango pertenece a ambos. Porque la ciudad que nació al pie de un cerro cuya riqueza mineral despertó la ambición de los conquistadores, hoy contempla cómo quienes dedicaron su vida a extraer esa riqueza permanecen atrapados en la incertidumbre. La historia tiene memoria. Y también tiene deudas.
Durango celebra este 8 de julio su 463 aniversario de fundación. Son más de cuatro siglos y medio de historia construida entre la grandeza de su pasado minero, la fortaleza de su gente y la esperanza permanente de un mejor porvenir. Sin embargo, este nuevo aniversario también obliga a mirar una realidad que difícilmente puede pasar inadvertida.

La historia cuenta que uno de los principales motivos que impulsaron la fundación de la Villa de Durango fue la presencia de un enorme cerro que los conquistadores españoles creyeron rico en plata. Aquella montaña terminó revelando una riqueza distinta: hierro. Con el paso del tiempo recibió el nombre de Cerro de Mercado, en honor a su descubridor, Ginés Vázquez de Mercado, y se convirtió en uno de los símbolos del desarrollo económico de la región.
Paradójicamente, ese mismo cerro que dio origen a buena parte de la historia de Durango es hoy escenario de una de las páginas más dolorosas para cientos de familias.

Alrededor de 200 trabajadores de la mina del Cerro de Mercado permanecen desde principios de 2023 sin la fuente de empleo que sostuvo durante años sus hogares. El conflicto laboral continúa sin una resolución definitiva, mientras las promesas se acumulan y la incertidumbre se prolonga.
El tiempo ha dejado una profunda huella. Las deudas crecen, el patrimonio familiar se deteriora y la posibilidad de incorporarse a otra empresa minera se vuelve cada vez más complicada debido a la falta de certeza jurídica que rodea el conflicto. La espera también desgasta la esperanza.
En un estado donde las oportunidades laborales son cada vez más escasas, la situación de estos mineros trasciende un conflicto particular. Representa el rostro de cientos de familias que siguen esperando justicia y una oportunidad para recuperar la estabilidad que les fue arrebatada.
Por ello, el aniversario de Durango no solamente debe ser motivo para recordar su fundación y exaltar su riqueza histórica. También tendría que convertirse en un llamado para atender las deudas sociales que permanecen pendientes.
Resulta imposible ignorar la ironía: la ciudad nació al amparo de un cerro cuya riqueza impulsó su desarrollo, pero hoy ese mismo cerro, el
Cerro de Mercado, contempla cómo quienes durante años extrajeron sus minerales viven en la incertidumbre.
No hay aniversario completo mientras existan familias enteras esperando una solución. La mejor manera de honrar la historia de Durango no consiste únicamente en recordar su origen, sino en responder con justicia a quienes siguen formando parte de él. Y es que la verdadera riqueza de Durango nunca ha estado solamente en el terruño. Siempre ha estado en la dignidad de su gente.

“Cuando las campanas de la Catedral repiquen por un aniversario más de Durango, también deberían hacerlo por la justicia. Porque una ciudad no se mide únicamente por los años que cumple, sino por la forma en que responde a quienes ayudaron a construirla. El Cerro de Mercado dio origen a Durango; sus mineros merecen seguir siendo parte de su futuro.”
